Manizales debe treparse a los tacones Trans

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Por Michelle Lamus Betancur

“Pues sí, pero no que pena, no de mí, sino que luego que crezca y sepa que uno es una travesti, una marica ahí, no que pena… a mí no me gusta tener pareja pues sí he tenido novio de cinco meses y así, pero los hombres quieren a las travestis para que los sostengan y la chimba uno estar manteniendo, no, no, no, me aburro con esos intensos”, comenta Kimberly mientras mueve la cabeza de un lado para otro pensando en la idea de adoptar en un futuro. Toca su oscura cabellera y ríe con su amiga Paola.

La belleza de Kimberly aterra. A simple vista parece de 22 años, sus amigos ignoran quién es, a veces le gritan “mamacita, como está de buena” y ella les sigue el juego hasta que recuerdan que estudiaron con ella. Es difícil no confundirse con sus facciones femeninas y su cuervo impúber. Hasta el momento no tiene ninguna cirugía, pero le gustaría ponerse busto. Piel cicatrizando en su nariz hace pensar que se operó, hasta que se voltea y muestra el lado derecho de la cara, tiene un moretón en la frente y otro en la pierna, cuenta que hace unas semanas se vio envuelta en una pelea con un hombre borracho que le pegó con una botella; mientras describe este episodio, en sus ojos se ve la primera muestra de tristeza de toda la noche. Pero, los golpes no sólo los recibe de borrachos, Kimberly dice que lo que menos le gusta son los policías. “Esos son terribles, hace dos meses tuvimos un encontrón, pero ahora hacen retenes, están jodiendo mucho. Si se lo llevan a uno y lo sueltan… ellos saben que uno es menor”. Dice que los policías les pegan a las travestis por diversión, les lanzan gas lacrimógeno y les pegan con los bolillos. 

Kimberly se para todas las noches en una esquina cerca de la Gobernación, tiene 15 años, hace un año es travesti y se prostituye, quedó en noveno grado y piensa retomar sus estudios este año para poder ir a la universidad y graduarse como ginecóloga, dice que nadie la obligó a estar en el oficio y que ella ya no le tiene miedo a nada. “La primera vez si es como el susto, pero ya, no tenemos nadie que nos proteja, nosotras mismas, cada una, una se las ingenia para cuidarse, hay que ver la manera”. Su madre siempre la veía jugado con la ropa y maquillándose “me decía que qué eran esas bobadas, que me quitara eso y se reía, nunca se ponía brava. Ya luego se dio cuenta y me dijo que bueno, que mucho cuidado”. Su padre se enteró hace dos meses, sin embargo nada cambió. 

Ante la pregunta de si conoce algún colectivo u organización que trabaje con la comunidad travesti responde que no y que cuando se las lleva la policía si le dicen que van para Bienestar, pero que hasta el momento no ha sucedido nada.

Según el proceso de reportería de la periodista Alejandra Aristizábal en la carretera para ir de Manizales a Chinchiná trabajan sexualmente un total de 35 travestis adolescentes. Ellas son conocidas en Chinchiná como las “locas”. Se ubican a la orilla de la carretera en grupos de tres o cuatro esperando que algún carro o camión les pare. En su artículo expone que en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF)  no sabía que existían travestis menores de edad que se prostituían, sólo conocían casos de niños violados, maltratados y niñas menores que se prostituían, pero que este caso era completamente nuevo.

La coordinadora del programa Pentagrama de Bienestar Familiar Francia Helena Tabares lleva cuatro años trabajando para la institución y afirma que al programa nunca ha ido alguien de la comunidad trans: “Nosotros no tenemos un programa establecido específicamente para ese tipo de población. Si tenemos un programa de intervención desde las características de personalidad de cada chico”.

Sin embargo, la coordinadora menciona que si llegase a asistir alguien dela comunidad Trans se trabajaría desde las necesidades del joven “si el muchacho está identificado totalmente, tenemos que fortalecer sus potencialidades y trabajar sus cualidades, si no hay problema, si su familia lo acepta y está siendo responsable con su vida sexual. Pero, si el muchacho tiene dificultades desde su parte de identidad y le causa conflictos ya hay que hacer terapia desde la aceptación”.

“Eso es un chicharrón mantecoso… como experiencia personal tuvimos un travesti y eso era un shock emocional” son los comentarios de Claudina Sánchez Durán, asistente social del Centro de Servicios Judiciales para Adolescentes agrega que, ellos están para el restablecimiento de los derechos, esa misma frase fue pronunciada por su compañero Jorge William Cardona Ramírez “aquí pues como tal no hay un programa ni un trato preferencial, pero si se debe respetar la identidad sexual, el juez que lo judicialice debe tratar a cualquier persona con respeto independientemente de su conducta social, nosotros estamos para ayudar y orientar”. No obstante, no saben de un programa o de cómo es el procedimiento para estos casos, si la persona Trans se identifica con el otro género, entonces  con qué grupo lo ubicarían, ¿con los hombres o con las mujeres?.

Otro mal, la endofobia

Uno de los voceros de la comunidad LGBTI en Colombia, Matías González Gil realizó un video que circula por Youtube llamado Que la discriminación no comience en casa. Este video fue elaborado a raíz del incidente con la transexual Danna Sultana, artista y bailarina performance, además de su parecido físico con la presentadora de RCN Carolina Cruz. “Travestis no y menos en ferias” fue lo que le dijeron a  Danna los clubes nocturnos de Manizales, El Dollar y Move. La comunidad LGBTI convocó una marcha y posteriormente acordaron reuniones para firmar un pacto, tras postergar las reuniones y encontrar evasivas, uno de los administradores le dijo a Matías que los travestis eran peligrosos, eran ladrones y que además a los clientes no les gustaban.

Gonzales Gil asevera con indignación: “Veo acciones muy reducidas de movilización social que es por donde uno tiene que empezar a movilizar la idea de diversidad. No hay visibilidad del tema entonces no se sabe cómo trabajar con las personas”  Otro de los problemas a los que se enfrenta la población Trans es la endodiscriminación, que es la discriminación a un grupo ya discriminado. Según el joven vocero en Manizales hay “Transfobia” puesto que la misma comunidad los rechaza porque dan una supuesta mala imagen. 

En el documental Putas o Peluqueras dirigido por Mónica Hoyos y producido por  Yagé Producciones y el Centro de Formación de la Cooperación Española se evidencia que en el imaginario colectivo social se tiene el estigma de que si se es una mujer Trans se tiene sólo las opciones del nombre del Documental. Gonzales Gil afirma que Manizales tiene un problema de civilización en el que las únicas personas Trans son las trabajadoras sexuales de la Galería. 

Fuera del derecho fundamental de la identidad y la orientación sexual, existe un problema de derecho social como lo es la salud, más allá de las jornadas o brigadas que se hacen esporádicamente, hay personas que necesitan cambiar su físico y se inyectan sustancias peligrosas como silicona líquida y aceite de cocina. Gonzales Gil comenta que hubo un caso de un grupo de jóvenes trangeneristas que se prostituían y al sentir la independencia que da el dinero, se quedaron ahí, tras inyectarse diferentes sustancias sus organismos reaccionaron, por lo cual los jóvenes acudieron a centros médicos, no obstante, les dijeron que quién los mandaba a inyectarse cosas y que no podían ayudarlos. Los jóvenes no tuvieron más remedio que sacarse las sustancias con jeringas.

Cuando se pregunta en la Secretaría de Gobierno sobre políticas para los Trans, ellos remiten a las personas a la Secretaría de Salud, sección adolescentes y de allí al Observatorio de Género de la Universidad de Caldas. José Fernando Vasco quien trabaja para el Observatorio comenta que hasta el momento no se ha hecho ningún proyecto, pero que se tiene planeado para el próximo semestre organizar un proyecto enfocado en la comunidad Trans donde se seleccionen ocho travestis, a los cuales se les hará entrevistas a profundidad con un enfoque hermenéutico. Menciona que se tiene presente que es una población difícil de abordar y que el ideal es tener a la mayor cantidad de personas para la muestra.

Una de las organizaciones que ha trabajado directamente con la población travesti  y trangenerista de la Galeria es el Colectivo El Armario Abierto, que aboga por los derechos de toda la comunidad LGBTI. El proceso comenzó el 30 de mayo  del 2010 a partir del proyecto del Cine Foro Rosa de la Universidad de Caldas, tras varias proyecciones se buscó hacer un acercamiento. Valentina Londoño directora del Colectivo cuenta que “al principio fue difícil por el ambiente laboral violento, peligroso y discriminador al que se enfrenta la comunidad. Había que tomar medidas preventivas, porque se supone que quienes cuidan a la gente es la policía y con quienes más roces tiene las chicas Trans, es con ellos”. 

Lograron contactar a la líder del grupo, Marcela quien propuso hacer la primera marcha por el orgullo gay en la ciudad y disponía al grupo para trabajar en conjunto con la organización para la elaboración de actividades. Después de la muerte de Marcela, el 19 de diciembre,  la directora del colectivo manifiesta que la dinámica no es igual, ahora es un trabajo independiente, no hay construcción en equipo. “No hemos podido volver a retomar pues Marcela tenía mucho carisma, ahora es como invitar y ver si hay participación”.

Entre las actividades que se han ejecutado está el lograr empoderarse de su situación, de quiénes son, partiendo del uso de la palabra “Mucha gente que se interesa por ellas o cuando los medios las mencionan las tratan como “ellos” recalcando siempre su masculinidad, toda su esencia es la de una mujer, la diferencia la pone quien llega al espacio. Un pene no las define y la idea es que los demás vean esto”. 

Un futuro que vaya más allá de la prostitución y la peluquería depende en cierta medida de la actitud que se adopta frente a la población Trans. Crear espacios para la inclusión verdadera, no sólo en palabras si no en hechos es lo que requiere esta ciudad. Hay personas con diferentes orientaciones e identidades, que demandan políticas de protección y orientación, pues una terapia o el rechazo claramente no son la solución. No podemos seguir viviendo como asegura Carlos Hernández Toro, locutor de El Edén Radio de Bogotá “en esta sociedad todo lo que es diferente, raro o no les gusta creen que hay que eliminarlo”. Pues, tal y como lo dijo la nueva directora de gestión corporativa en la Secretaría de Integración Social, Tatiana Piñeros al blog Kienyke Soy transexual, es la única manera de ser feliz”. 

Para concluir, Matías Gonzales Gil piensa que más allá de lo que dice la ley, hay una premisa básica que dice “No le haga a nadie lo que no quisiera que le hagan a usted”. Se debe promover una conciencia social. “No nos pongamos en los zapatos, más bien, trepémonos en los tacones de una persona trans”.

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