Una crisis bestial

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Por Yoiver Giraldo

El viejo le grita que quieta. La mula lo mira. El viejo le da uno y otro y otro martillazo en los cascos de sus patas para ponerle las herraduras. La mula voltea y toma agua puesta en un neumático viejo, que se encuentra al fondo de la pesebrera hecha con cuatro guaduas y un techo de zin y que está ubicada en la vereda El Pastal del municipio de Manzanares, al oriente de Caldas.

La mula se llama Gaviota y el viejo Germán Duque, un campesino de 55 años que se queja y hecha madres por la crisis cafetera, y que se toma  el chocolate que le sirve su esposa Claudia de 39 años todos los días a las 6 de la mañana.

-Mija a éste agualate le falta azúcar y una arepita que lo acompañe –comenta Germán.

-No hay arepas, si quiere le doy ya el arroz del desayuno- responde Claudia y luego le dice mirándolo a la cara-: mire haber cuándo va al pueblo por mercado.

El cucho se niega al ofrecimiento y se boga ‘los traguitos’ como una verdadera mula.

Gaviota tiene el pelo seco y rojizo, una mirada triste, una cola esponjosa y se le alcanzan a notar varias costillas. Don Germán tiene puestas unas botas de caucho marca Croydon, un pantalón de dril manchado por la cacota, una camisa con botones de varias clases y una gorra que cubre su pelada cabeza.

El desayuno del animal es agua y un manojo de caña.

-Toca darle sólo agua y pasto mientras la cosa mejora,  esto está muy fregao con ese precio del café– susurra el campesino desde el corredor de la casa, que está compuesta por una pieza, una sala que tiene un televisor de perilla y dos bancas, y una cocina de madera tiznada. El baño queda al fondo y hay que tener la puerta con el pie. El patio es de tierra y que según Claudia “se vuelve un pantanero cuando llueve”. La pesebrera de Gaviota se encuentra al borde del barranco que da inicio al camino fronterizo entre el cafetal de ocho hectáreas y la casa donde el viejo Germán ha vivido desde que tenía 10 años.

Hace un año, Gaviota comía y tomaba además de agua y caña; verduras, frutas, miel,  -Pero ya no podemos hacer esas gracias, es que pille hermano que ni pa la comidita de nosotros alcanza. El café ya no da y la finca nadie la compra porque está muy retirada del pueblo -alega don Germán mientras arranca camino abajo con la mula a las 8:05 de la mañana.

Las horas pasan con la presencia de un sol caleño. A las 5 de la tarde regresan Gaviota y el viejo Germán con medio bulto de café recién cogido, un machete mohoso  y un arrume de madera. Almuerzan y comen a la vez. El amo: Arroz, frijoles, agua de panela y un huevo frito. El animal agua, agua y… nada más.  El pasto que será su última comida del día se lo tirarán en la pesebrera antes de que llegue la noche.

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